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Señales de que hay que parar (aunque tu mente te diga que no)

Hay momentos en los que seguimos adelante sin darnos cuenta. Cumplimos con todo, llegamos a todo, respondemos a todo. Y desde fuera puede parecer que todo está bien. Pero por dentro… no siempre es así.

Vivimos en un ritmo en el que parar parece casi un lujo. Como si descansar fuera algo que hay que «ganarse» después de hacerlo todo. Y mientras tanto, vamos ignorando pequeñas señales de nuestro cuerpo. Señales que al principio son sutiles. Casi imperceptibles. Un poco más de cansancio de lo normal. Menos paciencia. Más tensión en el cuerpo. Pero seguimos. Porque «no es para tanto», «solo es una racha», «ya se me pasará». Hasta que el cuerpo deja de susurrar y empieza a hablar más alto.

En mi caso, el verano pasado me pasó factura ignorar tanto tiempo las señales que me daba el cuerpo. Después de mucho tiempo sin parar, sin escucharme del todo, sin darme el espacio que necesitaba… mi cuerpo dijo «basta». Y lo hizo a través de una trombosis en la pierna izquierda, enterita, de arriba a abajo, con tres venas principales trombosadas y una parálisis en la pierna entera. No lo cuento desde el miedo, ni desde el drama. Lo cuento desde la conciencia que vino después. Porque ese momento fue un punto de inflexión. Una llamada clara. De esas que ya no puedes mirar a otro lado.

Ahí entendí algo importante: no se trata solo de todo lo que hacemos cada día. Se trata de como nos estamos sosteniendo mientras lo hacemos. Porque muchas veces no es que no sepamos lo que necesitamos, es que no nos damos permiso. No nos damos espacio, no nos damos pausa.

   Las señales que solemos ignorar

Cada persona lo siente de una forma distinta, pero hay señales que se repiten mucho:

  • Cansancio constante, incluso después de descansar.
  • Sensación de presión o ansiedad en el pecho.
  • Irritabilidad o cambios de humor sin motivo claro.
  • Falta de motivación o desconexión.
  • Sensación de ir en automático.
  • Necesidad de parar… pero sin saber como hacerlo.

Y muchas veces aprendemos a convivir con esto. Lo normalizamos. Pero que sea algo común, no significa que sea lo que necesitas.

   El cuerpo no va en tu contra

A veces sentimos que el cuerpo falla, que nos está frenando. Pero en realidad, muchas veces está haciendo justo lo contrario. Está intentando protegerte. Está intentando decirte: así no, necesito otra cosa. El problema es que hemos aprendido a escuchar más a la mente que al cuerpo. Y la mente siempre encuentra razones para seguir.

   Volver a ti (sin hacerlo complicado)

Parar no significa desaparecer de todo. No significa dejar de hacer tu vida. Significa empezar a incluirte dentro de ella. Y eso puede empezar con cosas muy pequeñas:

  • Regalarte unos minutos sin estímulos.
  • Respirar de forma consciente.
  • Bajar el ritmo aunque sea un poco.
  • Crear un pequeño ritual que te devuelva a ti.

No hace falta hacerlo perfecto, hace falta hacerlo real.

En mi caso, empezar a introducir pequeños momentos de pausa cambió mucho más de lo que esperaba. Y en ese camino, mis herramientas fueron los aceites esenciales y las flores de Bach, que me ayudaron a crear esos espacios de forma más consciente. No como solución mágica, sino como apoyo.

   Escucharte también es una forma de cuidarte

No todo pasa por hacer más. A veces el cambio empieza cuando dejamos de ignorarnos. Cuando dejamos de posponer lo que sentimos. Cuando dejamos de empujarnos más allá del límite. Y empezamos a escucharnos de verdad. Aunque sea incómodo, que lo es. Aunque no sepamos muy bien por donde empezar.

   Un espacio para acompañarte

Si sientes que esto resuena contigo, y que te cuesta encontrar ese espacio en tu día a día, he creado algo muy enfocado en esto. Un taller donde trabajamos la gestión del estrés de forma práctica, sencilla y adaptada a la vida real. Integrando pequeñas herramientas, momentos de pausa y el uso de aceites esenciales como apoyo para volver a un estado más calmado y consciente.

Puedes acceder desde la sección de Cursos y Talleres, donde también encontrarás más herramientas para tu bienestar. 

Porque a veces no necesitamos hacer más, necesitamos parar. Y empezar a escucharnos de verdad.

Así que ya sabes, empieza por ti, empieza por escuchar las señales de que necesitas parar.

Con amor y mucha magia y purpurina, Yolanda

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