La amatista es uno de esos minerales que, aunque no sepas nada sobre piedras, te llaman. No solo por el color, que ya de por sí es especial, sino por la sensación que transmite. Es de esos minerales que muchas personas cogen y dicen «no sé porque, pero me gusta». Y muchas veces es más que suficiente para elegirla.
A lo largo de la historia, la amatista ha estado muy presente en distintas culturas. En la Antigua Grecia, por ejemplo, se utilizaba como símbolo de claridad mental y protección frente a los excesos. De hecho, su nombre viene de «amethystos», que significa «no intoxicado«. En otras culturas también se relaciona con lo espiritual, con la conexión interior y con esa parte más tranquila que muchas veces dejamos en segundo plano. No es algo nuevo ni una tendencia reciente. Es un mineral que lleva siglos acompañando.
En cuanto a su origen, la amatista es una variedad del cuarzo y se encuentra en diferentes partes del mundo como Brasil, Uruguay o Madagascar. Dependiendo de la zona, el tono puede variar, desde violetas más suaves hasta otros mucho más intensos, pero todas tienen ese punto tan característico que las hace reconocibles al instante.
A nivel físico, es una piedra bastante resistente, lo que la hace perfecta para llevarla contigo en el día a día, ya sea en forma de pulsera, colgantes, pendientes o incluso en su forma bruta. Pero más allá de lo físico, donde muchas personas conectan de verdad con ella, es en lo que transmite.
Propiedades
La amatista se asocia con la calma, con bajar el ruido mental, con ayudar a soltar tensión y con favorecer el descanso. No es algo inmediato ni mágico, sino más bien un acompañamiento suave, de esos que poco a poco te invitan a ir más despacio. Y si estás en un momento en el que sientes que necesitas parar un poco, seguramente por eso te está llamando.
Dentro de mi catálogo puedes encontrar diferentes formas de tenerla cerca, en pulseras, colgantes y también pequeñas figuras como búhos, que además tienen ese simbolismo de intuición y sabiduría. Muchas de estas creaciones están hechas y preparadas con intención, no solo como algo bonito, sino como algo que te acompañe y te de calma.
Y aquí es donde me gusta añadir algo sencillo, porque no hace falta hacer nada complicado para conectar con un mineral. Si tienes una pulsera de amatista, puedes probar algo muy simple: antes de ponértela, párate unos segundos, respira y piensa cómo te quieres sentir durante el día. No hace falta una frase perfecta, puede ser algo tan sencillo como pedir tranquilidad o bajar el ritmo. Te la pones y ya está. No porque la pulsera haga todo, sino porque le estás dando una intención y tú permitiéndote un pequeño espacio de consciencia que muchas veces olvidamos.
Amatista y otros elementos
También hay algo bonito en como se relaciona la amatista con otros elementos. Su color violeta conecta mucho con la lavanda, y no es casualidad que ambos estén asociados con la calma, el descanso y el equilibrio. Por eso, una de mis velas de Relajación, combina chips de amatista con lavanda. No solo es una mezcla estética, es una forma de crear un ambiente que invite a parar, aunque sea unos minutos al final del día. Encenderla puede ser ese momento en el que decides que ya es suficiente por hoy.
Como cuidar y limpiar la Amatista
Este punto es importante, porque no todos los minerales se cuidan igual.
En el caso de la amatista:
- No es recomendable exponerla directamente al sol durante mucho tiempo, ya que puede perder la intensidad en su color (de hecho, el falso cuarzo citrino no es más que amatista quemada).
- Tampoco es buena idea limpiarla con agua y sal, ya que puede dañarse con el tiempo.
Entonces, ¿Cómo puedo limpiar o descargar mi pulsera?
Opciones sencillas:
- Dejarla sobre una drusa (yo uso también una de amatista) durante unas horas. En un lugar tranquilo, sin hacer nada más.
- Colocarla cerca de otros minerales como el cuarzo blanco.
- Utilizar humo de incienso (copal, palosanto, salvia, etc) o de salvia.
- Dejarla sobre una maceta con tierra durante 24 horas aproximadamente.
No hace falta complicarlo, lo importante es el cuidado, no el método perfecto. Haz el que más te resuene.
Mas allá del mineral
La amatista no va a hacer el trabajo por ti. Pero sí puede acompañarte. Puede ser ese pequeño recordatorio de que no tienes que estar siempre corriendo, de que puedes parar, de que puedes escucharte un poco más. Y a veces, eso ya es mucho. En el post anterior hablo precisamente de las consecuencias de no parar a tiempo, de no escucharnos.
Si sientes que te apetece tenerla cerca, puedes ver todo lo que tenemos disponible en el catálogo, donde hay diferentes formas de integrarla en tu día a día de forma sencilla y natural.
Nos leemos en el próximo post.
Con amor y mucha magia y purpurina, Yolanda.
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